martes, 19 de junio de 2007

En el abismo de la calle

Sus sueños duermen en la calle, mientras la ciudad los acurruca en sus temidas manos. Nadie sabe donde ni como viven, nadie sospecharía que son miles los niños que están en absoluto desamparo, adormeciendo la realidad con pegamento, marihuana y con una lista que suma y sigue.
No logro concebir que existan quienes abandonan a sus indefensas criaturas, tal cual fueran un producto que no les sirve, como si no existiera un bajo instinto de amor y responsabilidad por sus actos, por la sangre de su sangre. La realidad es amplia, las razones por la que esos niños hoy son víctimas de un oscuro núcleo, en donde varían las más aberrantes experiencias, una trilogía maldita que involucra el consumo de drogas, la explotación sexual, la delincuencia transforman en las armas que atentan con destruir la ultima esperanza por invertir la situación.
Con la inocencia de sus ojos, consiguen subsistir en esta jungla que los ignora y pisotea sin darse cuenta, deben dejar de ser niños para asumir responsabilidades que tal vez sus padres obliguen a cumplir, o tal vez solo se valgan por si mismo, ya que huyeron de las películas de terror que protagonizaban sus padres, los que obedecen a los patrones de violencia y de pobreza extrema.
Nos quedamos de brazos cruzados frente al horror de saber que existen quienes sueñan en conseguir el amor que se les fue negado, No nos basta con anhelar ser padres si no nos sensibilizamos con los miles de niños en situación de calle, que podrían también ser nuestro hijos ¿Por qué no? Abramos los ojos, recordemos que pese a todos nuestros karmas de infancia, tuvimos la posibilidad de criarnos en un hogar, en donde nos alimentaban, nos protegían, nos daban amor y nos educaban. ¿Hemos pensado en invertir el destino? En sentirnos un ser ínfimo, sin la compañía de una familia que impulsara a convertirnos en seres íntegros,¿lo has pensado algunas vez? ¿Qué hubiese pasado esa noche en que intente evadirme de la violencia de mi padre?, Tal vez este análisis no existiría, y ahora sería la contraparte de esta columna. Tuve los motivos para huir del miedo que me provocaba, tuve mas de un instante en que los nudos de nervios de desataban en llanto, nadie se imaginaba que pensaba en escaparme de todo lo que me atormentaba.Para mi suerte eso no ocurrió, hoy veo desde afuera esta herida de la sociedad, que es la misión de todos curarla.
Almas inocentes, dueños de las fantasías y de los juegos, ser vulnerable que merece amar y ser amado, a los que debemos respetar sus procesos de desarrollo, acompañando de gestos, caricias que los motive a sentirse plenos y con una mirada positiva frente a la mundo que los acuna.